NECHESIA

Vanesa Trevín Pita (Universidade de Vigo)

Vanesa Trevín Pita es arqueólogo profesional. Es gerente de Cado Arqueología, miembro invitado del Grupo de Investigación ECOPAST en la Universidad de Santiago de Compostela y miembro del Sikait Project, proyecto de excavaciones arqueológicas en el Parque Nacional de Wadi Gemal (Desierto Arábigo, Egipto).

RESUMEN

Nechesia, nombre con el que se ha venido identificando al pequeño puerto de Marsa Nakari, situado en el Desierto Arábigo egipcio, a medio camino entre los grandes puertos de Myos Hormos y Berenike, y al pie de la vía Nova Hadriana, haciendo intersección entre la misma y una vía secundaria que llevaría hasta Edfu (antigua Apollinopolis Magna). Sirvió de apoyo a las embarcaciones que se movían entre los grandes puertos y de zona de recepción de los materiales, principalmente procedentes de la minería y la cantería, transportados a través del desierto.

PALABRAS CLAVE

Marsa Nakari, Mar Rojo, Puerto Comercial, Egipto Romano, Via Nova Hadriana.

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Nechesia es el nombre que da Claudio Ptolomeo en su Geografía, a un antiguo puerto fortificado situado en la costa del Mar Rojo, en el Desierto Arábigo egipcio, que se identifica actualmente con el yacimiento de Marsa Nakari, en un pequeño farallón rocoso, al pie de la Via Nova Hadriana, y a medio camino entre los grandes puertos de Myos Hormos y Berenike, a una altura de 24° 55.50′ N, 34° 57.74′ E (Sidebotham, 2000, p. 117). Es también el inicio de una ruta que la une con Edfú –la antigua Apollinopolis Magna– en el Nilo, cuyo recorrido se vincula con numerosos asentamientos relacionados con la explotación minera (Seeger, 2011, p. 77-78). La hipótesis de que Nechesia se puede identificar con Marsa Nakari parte de viajeros del siglo XIX, como J. G. Wilkinson, que empezarían a apuntar esta idea. Más tarde, a inicios del siglo pasado, G. W. Murray sugiere que podrían pertenecer a Marsa Mubarak, situada más al norte, aunque en este punto no se ha hallado hasta el momento evidencia de restos arqueológicos. Ya en los años 50 del siglo XX, D. Meredith señala que, aunque no se podría asegurar completamente, se puede seguir planteando la hipótesis de la identificación de Nechesia con Marsa Nakari (Seeger, 2001, p. 77).

Las prospecciones arqueológicas promovidas por la University of Delaware, consiguieron recuperar cerámica en superficie, que data del cambio de era y de entre mediados del siglo IV-V d.C. (Bagnall et al., 1996, p. 320), tratando de comprobar la hipótesis de que se pudiera tratar del puerto de Nechesia. A finales de los años 90, se iniciaron los trabajos de excavación arqueológica en Marsa Nakari, en la que ya se encontraban previamente evidencias de fortificación a base de muros perimetrales con al menos dos entradas reconocibles –en el extremo sur, y en el noreste–. A cada lado del acantilado desembocan dos wadis, fuertemente sedimentados. En el que se encuentra al este existen restos de algunas estructuras que se encuentran muy deterioradas debido a las inundaciones.

Figura 1. Vista de parte del puerto y el wadi que discurre por la zona este de la ciudad (fuente: Sikait Project).
Figura 1. Vista de parte del puerto y el wadi que discurre por la zona este de la ciudad (fuente: Sikait Project).

Con el objetivo de conocer su morfología y dotar de una cronología al yacimiento, se practicaron dos sondeos arqueológicos en el asentamiento. Se localizó una muralla hecha a base de bloques de yeso o piedra caliza de varios tamaños que parecían provenir de estructuras anteriores y dos líneas de muro con bloques colocados por anatirosis, con los bordes biselados. También se localizó una tercera línea compuesta por piedra más pequeña, que se interpretó como un añadido posterior. Dentro de las estancias aparecen también estructuras de reducido tamaño hechas de piedra más pequeña y más bajas que los muros que se han interpretado como estanterías o mesas. En cuanto al segundo sondeo, se localizó una gran estructura de piedra con una plataforma o podio en el extremo norte del mismo que podría haber servido como base para un gran edificio, además de varias secciones de muros posteriores que presentan diversas reformas, como una entrada tapiada.  Debido a esta disposición y a la presencia de numerosos restos de ánforas, lucernas, además del cuello de un ungüentario y varios fragmentos de vajilla fina, materiales posiblemente importados, se ha interpretado el conjunto como una zona de almacén. Se han recuperado también algunos objetos de metal, como tachuelas, un cuenco, parte de una lucerna de bronce, y algunos metales más pequeños y escorias.

Figura 2. Detalle de algunas estructuras sacadas a la luz durante las excavaciones arqueológicas (fuente: Sikait Project).
Figura 2. Detalle de algunas estructuras sacadas a la luz durante las excavaciones arqueológicas (fuente: Sikait Project).

La localización de una decena de monedas permitió establecer una cronología del sitio, con un tetradracma de Vespasiano, otra moneda de bronce datada entre los siglos I y II d.C. y algunas monedas tardías como un bronce de Constantino y un numus centenionallis de época de Constancio, pudiendo establecer una cronología de al menos desde el cambio de era hasta finales del siglo IV d.C. para el sitio arqueológico (Seeger, 2001, p. 79-86). La presencia de Eastern Desert ware, tanto en las prospecciones arqueológicas previas (Barnard, 2005), como en la excavación, conectan este puerto con el interior del territorio, a través de la vía ya citada que une esta zona portuaria con el Nilo a través de unos 240 km (Sidebotham, 2011, p. 129). Esta ruta fue localizada en las prospecciones arqueológicas realizadas entre 1997 y 2000, identificando un camino con varias estaciones de parada y comunidades mineras que datan de época ptolemaica y posteriores (Sidebotham, 2008, p. 166). Lo que no se ha podido documentar arqueológicamente, ha sido el punto de intersección entre la Via Nova Adriana y esta vía Marsa Nakari-Edfu. Se sabe que podría no haber estado en el propio puerto, sino unos tres kilómetros tierra adentro (Sidebotham, 2011, p. 147).En tres paradas de la ruta Rod Umm al Farraj, Rod al-Buran y Bezah West se conservan líneas de estabulado de animales que abastecerían a un número estable de los mismos, siendo simples líneas abiertas colocadas de este a oeste para facilitar el estabulado de los animales al lado sur y aprovechar la protección contra los vientos dominantes del norte (Sidebotham, 2011, p. 120-121). Se conserva también un tramo de la vía entre Wadi al ‘Alam y Wadi Hateem, de 17 metros de largo y que podría haber tenido unos 40 de longitud, y una altura de 0,80 metros, con una sección inferior de 42,80 metros de longitud y una anchura de 6,5 metros y un metro de altura. Esto podría denotar un importante tráfico que obligara a la realización de una infraestructura para favorecer el tránsito en direcciones opuestas o bien simplemente una reorientación de la vía, (Sidebotham, 2011, p. 144).

Figura 3. Mapa de situación de la ciudad y las vías a las que se hace referencia (fuente: Sikait Project).
Figura 3. Mapa de situación de la ciudad y las vías a las que se hace referencia (fuente: Sikait Project).

Por otro lado, en las excavaciones arqueológicas se han recuperado un gran número de cuentas de collar tanto en Marsa Nakari como en Berenike (Then-Obluska, 2018, p. 265), que nos hablan de contactos comerciales con zonas alejadas, concretamente con Sri Lanka, especialmente evidentes en época romana tardía (siglos IV y V), recuperadas también en el sitio arqueológico de Mantai (Sidebotham, 2008, p. 178). Estas cuentas suponen de las pocas evidencias existentes de que Marsa Nakari pudiera haber estado involucrada en el comercio con el Océano Índico.

En términos generales, se lo considera un puerto pequeño y, a excepción de Abu Sha’ar, el único que se encontraba fortificado. Se cree que posiblemente estuviese dedicado al comercio regional costero y a la recepción de los contactos comerciales del interior de la vía Marsa Nakari-Edfú. Por otro lado, serviría también de refugio a los barcos que se movían entre los grandes puertos, al encontrarse a unos 150 km al norte de Berenike y aproximadamente a la misma distancia de Myos Hormos (Sidebotham, 2011, p. 186).El período cronológico que se podría reconstruir a través de las prospecciones y excavaciones arqueológicas podría tener su origen en época ptolemaica, ya que se han encontrado minas de oro y distintas canteras que datan de este período, siendo difícil entender tanto su presencia como la de la vía sin poder desembocar en el puerto. Esta hipótesis se ve reforzada por la aparición de algunos materiales también de época ptolemaica en las excavaciones, aunque serían necesarios nuevos estudios para confirmarlo. Lo que sí se ha podido constatar es un pico de actividad entre los siglos I y II d.C. A partir del siglo III, al igual que ocurre en el resto de los puertos y ciudades de Egipto, disminuye la actividad, reactivándose nuevamente en el período tardío –siglos IV y V–. Es el momento en el que empiezan o reactivan su funcionamiento varias minas de oro y esmeraldas, así como instalaciones militares, y con ellas los puertos, incluido Marsa Nakari, que al igual que Berenike podría extender su última época de prosperidad hasta al menos inicios del siglo VI (Sidebotham, 2008, p. 18-19).

Figura 4. Reconstrucción idealizada del puerto de Marsa Nakari (Nechesia), realizada por A. M. Hense (Sidebotham, 2008, p. 167).
Figura 4. Reconstrucción idealizada del puerto de Marsa Nakari (Nechesia), realizada por A. M. Hense (Sidebotham, 2008, p. 167).

BIBLIOGRAFÍA

Bagnall, R. S., Manning, J. G., Sidebotham, S. E. y Zitterkopf, R. E. (1996). A Ptolemaic Inscription from Bir ’Iayyan. Chronique d’Egypte71(142), 317-330.

Barnard, H. (2005-2006). Eastern Desert Ware from Marsa Nakari and Sikait. Journal of the American Research Center in Egypt, 17, 131-146.

Seeger, J. D. (2001). A preliminary report on the 1999 field season at Marsa Nakari. Journal of American Research Center in Egypt 38, 77-88.

Seeger J. A. y Sidebotham, S. E. (2005). Marsa Nakari: An Ancient Port on the Red Sea. Egyptian Archaeology, 26, 18-20.

Sidebotham, S. E. (2011). Berenike and the Ancient Maritime Spice Route. University of California Press.

Sidebotham, S. E., Hense, M., Nouwens H. M. (2008), The Red Land. The Illustrated Archaeology of Egypt’s Eastern Desert, The American University in Cairo Press.

Sidebotham S. E., Zitterkopf R. E. y Helms C. C. (2000). Survey of the Via Hadriana: The 1998 Season. Journal of the American Research Center in Egypt, 37, 115-126.

Then-Obluska, J. (2018). Bead Trade in Roman Ports: A View from the Red Sea Port of Marsa Nakari. En A. Manzo, C. Zazzaro y D. J. de Falco, Stories of Globalisation: The Red Sea and the Persian Gulf from Late Prehistory to Early Modernity (pp. 264-280). Brill.