El Imperio escita: la civilización clave en el nacimiento de la Edad Clásica

Beckwith, C. I. (2024). El Imperio escita: la civilización clave en el nacimiento de la Edad Clásica. Ático de los libros. 477 pp. ISBN 978-84-19703-64-4.

Beckwith, C. I. (2024). El Imperio escita: la civilización clave en el nacimiento de la Edad Clásica. Ático de los libros. 477 pp. ISBN 978-84-19703-64-4.

Recensión de Fernando Pastor (Biblioteca Tomás Navarro, CCHS-CSIC)

Cristopher Beckwith es profesor emérito de la Universidad Bloomington de Indiana, especializado en filología de lenguas centroasiáticas y del Lejano Oriente, lo que le ha permitido escribir varias obras trasmitiendo la filosofía, religión y las conexiones culturales que hicieron de la estepa euroasiática un lugar de referencia y objeto de atención.

“El Imperio escita” (pp. 31-35) funciona como pequeña introducción donde Beckwith da las pinceladas que luego definirán la obra: es una sentida introducción donde un hombre dedicado durante décadas al estudio de los escitas lamenta que hayan sido malinterpretados por civilizaciones coetáneas y visiones tradicionales como bárbara y con poco que ofrecer, algo que para el autor es radicalmente falso. El prólogo funciona como colofón (pp. 37-61) y atempera esa negatividad con sus argumentos:  se presentarán ahora las ventajas de armas, sistema político, linaje real, filosofía religiosa o ropajes y se desarrollarán en capítulos venideros.

En “Los escitas en las estepas de Eurasia central” (pp. 63-78) su naturaleza especial se verbaliza como aria, hablantes de la lengua Aria (término que se repite durante todo el texto). Desglosando a continuación lo que sabemos por Heródoto del Dios Celestial de los escitas a través del mito de su fundación como pueblo su religión, finaliza con las consecuencias en la estructura social, la lengua y la literatura que podemos discernir.

Con “Los escitas en Media y Asia Central” (pp. 79-100) entramos en un capítulo más historicista sobre su aparición de la mano de fuentes asirias para los cimerios, y los datos que nos han sido trasmitidos acerca del Imperio Medo y sus gobernantes Ciaxares, Ciro o Darío I. Después se introducen las costumbres centroasiáticas en las fuentes clásicas, terminando con las descripciones de Heródoto acerca de las prácticas militares escitas y su impacto. El autor finaliza esta sección exponiendo cuestiones relativas al imperio creado en Media y estableciendo la conexión con los Chao, escitas unificadores de China.

“El Imperio escito-medo-persa” (pp. 101-131) abre enfrentando los diferentes enfoques religiosos de Ciro y Darío I. Comienza explicando cómo Darío era representante de una tradición monoteísta que Ciro negó y cómo este fue asesinado por los masagetas centroasíaticos. Beckwith concluye que Darío habría buscado la verdad a favor de Ahura Mazda luchando contra los falsos dioses, englobando esto en una lucha novedosa contra el politeísmo. Como colofón se analizan las diferencias entre el politeísmo de Ciro y la trasformación de Darío, consecuencia de sus parcialmente distintos linajes como “aria y semilla de un aria”.

En el capítulo “Un linaje real eterno” (pp. 131-154) encontramos un análisis de lo que es ese linaje real aria. Se realiza un estudio pormenorizado de lo que sabemos del linaje biológico de Ciro y Darío. También explora los matices de esta estirpe especial, así como el papel del rebelde Gautama, que sacudió las bases ideológicas del Imperio. A partir de este momento los estudios lingüísticos sobre la familia aqueménida (sus ramas elamita o escita) adquieren una importancia central que dará luz a sus giros ideológicos. Beckwith esta vez usa paralelismos para concluir que los linajes escitas reales aria estuvieron presentes en Eurasia oriental hasta que varios de ellos acabaron incrustados en lenguas tibetanas o chinas.

En “Escita imperial en el imperio persa” (p. 155-183) Beckwith muestra más músculo en cuanto a profundidad y análisis. Para Beckwith este capítulo es central en cuanto a importancia y por ello es uno de los más técnicos. Su herramienta es el estudio comparativo de diferentes lenguas para ponernos en situación, y tras ello introducir palabras en lengua avesta, meda o persa antiguo, con el objeto de demostrar al final del capítulo que son todos dialectos de una lengua hablada y hoy apenas recordada gracias a textos como las inscripciones de Behistun/Bisotun.

La reconstrucción del antiguo escita clásico continúa en “Escitas clásicos en las estepas de Eurasia central” (pp. 185-220), donde lo compara pasado a través del tamiz persa. Así muestra la conexión e influencia de los escitas en los pueblos conquistados. Una vez el establece las variantes dialectales del escita, con su análisis las hace llegar hasta China. El capítulo se cierra con un estudio de préstamos del escita a la lengua china en un proceso paralelo al del persa, y que indica para el autor el mismo proceso de conquista por ese pueblo.

Finaliza este arco lingüístico en el Este con “El Imperio escita en Chao y el primer imperio chino” (pp. 221-235). Nos presenta de nuevo el concepto de aria, de linaje real escita pero esta vez trasplantado a China con la expresión Ta Hsia (“gran aria”), y como la realeza china que unificó a esa potencia procedía de Chao, un estado periférico poblado por no-chinos que lingüísticamente pueden identificarse como escitas de linaje real, China quedaría englobada en ese imperio escita. Para reforzar esta hipótesis cierra esta parte rastreando ese concepto de aria en aspectos culturales originalmente centroasiáticos como la indumentaria en Chao.

Para englobar toda esta influencia mundial, “Las capitales escitas de Media, Chao y Ch’in” (p. 237-248) explora el vocablo Agamatana aplicado en diversas localizaciones a la capital de cada estado escita. Una vez más, Beckwith aplica un pormenorizado estudio filológico de esa Agamatana ancestral identificándola con la Ecbatana meda en lengua griega (actual Hamadán). Identifica también otra Amatagana en la china Hándan, sita en el estado de Chao. Finalmente identifica la palabra escita Saray con Raga cerca del actual Teherán y con Loyang en el norte de China.

En el epílogo reflexiona acerca del alcance de la cultura escita esta vez desde la filosofía, aportando el caso de cuatro hombres procedentes de Eurasia Central que favorecieron nuevas escuelas de pensamiento y religiones e diferentes civilizaciones: Anacarsis, el escita en Grecia; Zoroastro, el monoteísta entre los persas; Siddarta Gautama en la India; y Laotzu en China, que para él son verdaderos exponentes del modo de pensar imperante en tierras escitas, y escitas ellos mismos. El cierre del epílogo es un alegato contra la teoría filosófica y el marco mental imperantes hoy en día, que ocultan toda esa influencia que identifica. Dos anexos inciden en su visión diferenciada: uno sobre el zoroastrismo y la importancia del monoteísmo escita del Dios Padre Cielo frente a falsos dioses, y otro sobre la vestimenta escita que les diferenció y les dio ventaja.

La valoración del libro es para este reseñador mixta. Ático de los Libros muestra una edición de excelente factura y amor por el detalle en el ingente trabajo de traducción y atención a lenguas prácticamente desconocidas para el público en lengua castellana. Lamentablemente, Beckwith puede ser frustante al remitir repetidamente a notas complementarias y a capítulos no leídos.

Hay un contraste marcado entre capítulos de filología, desarrollados y detallistas, y los no filológicos, parcos en fuentes arqueológicas. Argumentar que China fue fundada por un linaje escita es demasiado aventurado sin trabajos arqueológicos análogos a ejemplos como la Cultura Yaz en Asia Central o trabajos sobre fortificaciones centroasiáticas de Henri-Paul Francfort, Pierre Leriche o Kazim Abdullaev.

Atribuir a escitas la corriente de poesía y trovadores medievales (p. 78) o el alegato antipoliteísta que vincula al hebreo Josías y al escita Ciaraxes sin apenas argumentación (p. 274) es decididamente poco ortodoxo. Vincular a Siddarta Gautama a los escitas porque procede de la tribu sakya es un salto excesivo: los sakas no llegaron hasta el s. I a. C. a la cuenca del Ganges, es una homonimia.

Como contrapeso, el libro tiene capítulos aprovechables e interesantes en su apartado lingüístico para un académico avanzado, pero confunde demasiado a un lector novato por lo que una primera lectura como base de la cultura escita se desvía ciertamente del consenso académico.

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Ejemplo de citación: Pastor, F. (2026). Beckwith, C. I. (2024). El Imperio escita: la civilización clave en el nacimiento de la Edad Clásica. Ático de los libros. 477 pp. ISBN 978-84-19703-64-4. Revista digital de los mundos antiguos (ReDMA), r260202. https://mundosantiguos.web.uah.es/revista/r260202

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