COMENTARIOS DE ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA: DESAFIANDO A LA NATURALEZA Y A LOS HOMBRES

Marcela Nélida Pezzuto (Pontificia Universidad Católica Argentina)

Marcela Pezzuto es especialista en literatura colonial. Sus últimos trabajos tienen relación con la investigación acerca de referentes religiosos que formaron parte de la Paraquaria. En una línea temporal avanzando al siglo XX ha seguido la continuidad cultural de la herencia que alcanzó a escritores del litoral argentino.

RESUMEN

La figura de Alvar Núñez Cabeza de Vaca cosechó tantos éxitos como también fracasos. Y ante ambas situaciones no se amedrentó sino que reiteró la primera experiencia de conquistador, pero esta vez en Sudamérica. En el segundo viaje también apareció el desafío de enfrentarse a la naturaleza y nuevamente a los hombres. Sin embargo, este segundo recorrido se presenta como un camino arduo tanto para españoles como para nativos.

PALABRAS CLAVE

Sudamérica, conquistador, viajes, españoles, nativos.

1. INTRODUCCIÓN

La figura histórica de don Alvar Núñez Cabeza de Vaca (como todo sujeto que emprendió grandes desafíos) tiene matices más que interesantes. Baste con señalar que como hombre de armas participó en numerosos enfrentamientos. Sin embargo, las acciones emprendidas en las tierras del Nuevo Mundo son, del mismo modo, más que dignas de destacar. En esta ocasión recordaremos el viaje por América del Norte, más específicamente al sur de la Bahía de Tampa, en donde exploró la costa sur de Norteamérica desde la actual Florida pasando por Alabama, Misisipi y Luisiana y se adentró en Texas, Nuevo México, Arizona. Y también en el norte de México llegando hasta el golfo de California. Pero será sobre el segundo recorrido que nos dedicaremos en esta ocasión. Es decir, seguiremos la ruta tomada en la Nueva Andalucía, Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay (Fig. 1).

Reales cédulas (1534-1539). Sudamérica
Fig. 1. Distribución de espacios políticos (autoría de imagen: Milenioscuro; 30 de septiembre de 2017: https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=62995460).

2. ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA

Alvar Núñez Cabeza de Vaca nació de familia hidalga. Los historiadores ubican su nacimiento entre 1492-1495 y en cuanto a su muerte la fecha más probable es 1557. Sus padres fueron doña Teresa Cabeza de Vaca y don Francisco de Vera cuya prosapia se remontaba a una familia de hombres valientes. Ya en 1212 sus antepasados participaron en las tropas cristianas del rey Alfonso VIII y de otros reinos que enfrentaron al califa almohade Muhammad an-Nasir en la Batalla de Navas de Tolosa. Lógicamente, Alvar Núñez continuaría la tradición familiar desempeñándose en el Ejército de Tierra.

Lamentablemente, los primeros años de la juventud aparecen diluidos. Sin embargo, el 17 de junio de 1527 aparece en su biografía un hecho muy importante: se embarca en el puerto de San Lúcar de Barrameda en la expedición de Pánfilo de Narváez con el fin de colonizar un gran territorio que actualmente pertenece al sur de Estados Unidos, y se extiende entre el río  Misisipi y el Océano Atlántico. De esta expedición llevada a cabo entre 1527 a 1537, y que resultó un fracaso tanto por las pérdidas humanas como las económicas, sobrevivieron cuatro  integrantes de una tripulación de trescientos hombres: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo, Andrés Dorantes y su esclavo moro Estebanico. Destacamos que en el contingente Cabeza de Vaca participó como Tesorero y Alguacil Mayor.

Sin embargo, el viaje antes mencionado no fue el único que realizó al continente americano. Nuestro conquistador realizó otro viaje a América del Sur por la Capitulación con Carlos I, que le otorgó el título de Segundo Adelantado (gobernador interino) y fue nombrado Capitán General y Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, Paranaguazú y sus anexos. Así, a finales de 1540 Cabeza de Vaca zarpó del puerto de Cádiz con tres barcos y cuatrocientos soldados. En enero de 1541 arribó a la costa sur brasileña, más específicamente a la isla de Santa Catalina que, en ese momento, pertenecía a la Gobernación del Paraguay. Sin embargo, cabe señalar que para los conquistadores españoles el conocimiento de la isla se remontaba a 1515 cuando Juan Díaz de Solís había arribado a la bahía que estaba habitaba por la etnia carijós, pobladores de habla guaraní.  Allí se fundó una pequeña capilla en donde se entronizó la imagen de Nuestra Señora de la Gracia. La villa tuvo diversas nominaciones: San Francisco de Ybiazá (o Mbiazá), San Francisco de La Vera o Campos de Vera, como la llamó Cabeza de Vaca al tomar posesión de esas tierras.   Desde la isla de Santa Catalina Cabeza de Vaca emprendió un viaje por tierra cuyo objetivo era llegar a la villa y fuerte de Asunción, centro de la gobernación del Río de la Plata. A sus espaldas dejó el Atlántico y se internó en la selva en donde se encontró con las cataratas del Iguazú. Fue allí que perdió dos barcos y debió avanzar a pie por la región paranaense acompañado por indígenas tupí-guaraníes. Llegó a Asunción el 11 de marzo de 1542.

Texto de Cabeza de Vaca
Fig. 2. Texto de Cabeza de Vaca (1906, p. 142).
Texto de Cabeza de Vaca
Fig. 3. Texto de Cabeza de Vaca (1906, III).

3. COMENTARIOS

Nuestro trabajo sobre la figura de Cabeza de Vaca parte de su lectura en otra obra que también merece destacarse por su importancia. Nos referimos a la Colección de libros y documentos referentes a la Historia de América que en el tomo V aparece Relación de los Naufragios y Comentarios. Su publicación original fue en Madrid por la Librería General de Victoriano Suárez en 1906 (edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) (Figs. 2 y 3).

«di quenta a Su M. en la breue relacion que con estos Comentarios va, porque con su amplissimo & inuictissimo nombre tan extendido, temido y obedescido (…) di quenta parte de la tierra, temido y obedescido en la mayor parte de la tierra, vaya la memoria, testimonio y exemple de las mercedes que Dios hizo a su subdito» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 147).

En este trabajo abordaremos la figura de Alvar Núñez Cabeza de Vaca en el segundo viaje a territorio americano. Allí seguirá un recorrido por los territorios de Brasil, Argentina y Paraguay, es decir, por el Virreinato del Río de la Plata.

Para aproximarnos al segundo viaje tendremos en cuenta el siguiente recorte: Prohemio (Cabeza de Vaca, 1906, p. 147); Capítulo II: «Cómo se partieron de la isla de Cabo Verde» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 160-161); Capítulo V: «Cómo llegaron a la isla de Santa Catalina» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 166-168); Capítulo VI: «Cómo el gobernador entró la tierra adentro» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 168-171); Capítulo VII: «De la manera de aquella tierra y río» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 171-175); Capítulo IX: «De un salto que haze el rio Yguatu del trabajo que passo en llevar por tierra las canoas» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 178-181); Capítulo X: «Del miedo que los indígenas tenían a los caballos» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 181-182); Capítulo XI: «De como el gobernador camino con canoas por el rio de Yguaçu y por saluar un mal passo de un salto que el río hazía lleuo por tierra las canoas una legua, a fuerça de braços» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 183-187); Capítulo XII: «De las balsas que se hizieron para llevar a los dolientes» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 187-189); Capítulo XIII: «Cómo llegaron a la ciudad de la Ascensión» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 190-193) y, por último, Capítulo LXXXIV: «Cómo dieron rejalgar tres veces al gobernador» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 363-368) y «De la relación que dio Hernando de Ribera» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 368).

En el transcurso isla de Santa Catalina-Asunción, sin duda, la acción más desafiante que realizó Cabeza de Vaca fue la de enfrentarse a la imponente naturaleza. Y desde esta perspectiva, el encuentro con las cataratas del Iguazú fue el principal escollo que le impuso la geografía.
La expedición partió el 2 de noviembre de 1540 de la Ciudad de Cádiz. A los nueve días llegó a la isla de la Palma en donde debió permanecer por veinticinco días a causa del mal tiempo. De allí pasó a la isla de Santiago (Cabo Verde), en donde nuevamente las condiciones climáticas la detuvieron otros veinticinco días.

Ya en el capítulo dos «De cómo partimos de la isla de Cabo Verde», Comentarios presenta un elemento que acompañó siempre al hombre de mar: la superstición. Ante la escasez de agua aparece la necesidad de arribar a tierra firme, espacio nuevo y, por ello, amenazante. Es así que en el relato Cabeza de Vaca introduce un augurio que intenta comprender una circunstancia que pudo ser fatal si no hubiese intervenido mágicamente un grillo, que con su canto alertó la presencia de tierra firme, evitando una colisión.

Ahora bien, al continuar la lectura se observa hacia el final una situación semejante que repite el augurio inicial. Al final de la obra aparece un maleficio encrespando el mar y «castigando» a la tripulación que había sido hostil con Cabeza de Vaca.

La riqueza de Comentarios se centra en varios aspectos: histórico, geográfico y antropológico. En cuanto al primero hay un registro ordenado de la sucesión de hechos, en segundo lugar los datos geográficos son importantes por las descripciones de los territorios (mapas) y, en lo antropológico, se observa una detallada pintura de las características de las diferentes parcialidades.

En todo el relato Cabeza de Vaca se muestra como un observador participante, es decir, interactúa con los diferentes grupos humanos que va encontrando y conquistando. Y como gesto que resignifica la posesión en nombre del rey aparece el renombrar espacios y accidentes geográficos, por ejemplo: a la costa sur de Brasil la nombró «Campos de Vera» y a las Cataratas del Iguazú, «Saltos de Santa María».

3.1. Prohemio: «queriendo su altissima majestad continuar conmigo sus marauillas»

«di quenta a Su M. en la breue relacion que con estos Comentarios va, porque con su amplissimo e inuictissimo nombre tan extendido, temido y obedescido en la mayor parte de la tierra, vaya la memoria, testimonio y exemplo de las mercedes que Dios hizo a su subdito» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 147).

La nueva expedición de la corona española al Río del Plata en 1540 tuvo el objetivo de socorrer a los españoles en el Río de la Plata, y continuar la tarea comenzada por Pedro de Mendoza. En esta empresa Cabeza de Vaca informó haber sufrido peligros y trabajos que quedaron asentados por su secretario Pero Fernández. Como hombre de armas y hombre educado, Cabeza de Vaca escribe: «no hay cosa que mas deleyte a los lectores que las variedades de las cosas y tiempos y las vueltas de la fortuna» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 148).

A continuación recurre al tópico del ensalzamiento al noble, es decir, a Carlos I:

«tales dotes de ingenio y animo conuenia que Dios diesse el tiempo que dio a V. A. para que guiassen su persona y anima y le compusiessen y adornassen de claras y eternas virtudes que os hagan rey christiano, sabio, justiciero, fuerte, verdadero, prudente, liberal, magnanimo, clemente, humano, manso, benigno y amable y aborrescedor de todo lo contrario y obediente a aquel que para tan grandes reynos y senorios os crio» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 152).

También resulta interesante la conciencia de escritor que tiene ante el proceso de la escritura.

Cabeza de Vaca se presenta como hombre del Humanismo y para ello se presenta como hombre de armas, de fe y fiel súbdito.
Este Prohemio finaliza con el modelo clásico de la «captatio benevolentia», es decir, el escritor pretende ganarse la voluntad del lector regio haciendo una alabanza de sus virtudes para que la lectura de Comentarios se realice con ojos «amables» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 147-155).

3.2. Capítulo 2: «Y al quarto dia, vna hora antes que amanesciesse acaescio vna cosa admirable»

Al poco tiempo de dejar atrás a la isla de Cabo Verde, Alvar Núñez es informado por el maestre que «el agua que lleuaua la nao capitana, y de cien botas que metio no halló más de tres y auian de beuer dellas quatrocientos hombres y treynta cauallos». Inmediatamente se da la orden de buscar tierra firme para reaprovisionarse. Y allí es cuando sucede

«una cosa admirable (…) y es que yendo con los nauios a dar en tierra en vnas peñas muy altas, sin que lo viesse ni sintiesse ninguna persona de los que venian en los nauios, començo a cantar vn grillo, el qual metio en la nao en Cadiz vn soldado (…) y auia dos meses y medio que nauegauamos y no lo auiamos oydo ni sentido, (…) Y como aquella mañana sintio la tierra [el grillo] començo a cantar (…) y vieron las penas, que estauan vn tiro de vallesta de la nao, y començaron a dar boces para que echassen anclas porque yuamos al traues a dar en las penas, (…) que es cierto si el grillo no cantara nos ahogaramos quatrocientos hombres y treynta cauallos. Y entre todos se tuuo por milagro que Dios hizo por nosotros» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 160-161).

3.3. Capítulo 5: «De como el gouernador dio priessa a su camino»

Llegado Cabeza de Vaca a la isla de Santa Catalina en el sur de Brasil, fue anoticiado de la situación en la ciudad de Asunción y también lo que les sucedía a los residentes del puerto de Buenos Aires. Para ello debió descubrir un camino por tierra firme y para eso envió a Pedro Dorantes, que partió acompañado por españoles y por indígenas. Tres meses después regresó y su información señalaba altas tierras y montañas despobladas y, yendo más allá,  aparecía la tierra poblada. Sus habitantes le indicaron a Dorantes que había una manera más segura y cercana para llegar a otros poblados y que consistía en ir por el río Ytabucu. A partir de entonces los españoles utilizaron los cursos de aguas como espacios facilitadores de los traslados.

3.4. Capítulo 6: «Y assi el gouernador fue caminando por la tierra adentro»

A partir de la información de Dorante, Cabeza de Vaca partió en busca de las tierras que estaban más allá de las montañas y en donde había poblaciones. Y es acá que es posible comenzar a recoger información que roza los tintes antropológicos. Un ejemplo de ello es que Cabeza de Vaca comenzó a identificar a los indígenas principales de cada población. Por ejemplo:

«donde hallaron ciertos lugares de indios que el señor y principal auia por nombre Aniriri;…estaua otro donde auia otro señor y principal que auia por nombre Cipoyay. Y adelante deste pueblo estaua otro pueblo de indios cuyo señor y principal dixo llamarse Tocanguacu» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 170).

Así, los españoles avanzaron en el terreno y se encontraron con otros indígenas que del mismo modo demostraron un buen recibimiento y compartieron comida.

Es de observar cómo se destaca una parcialidad en particular:

«esta es una gente y generación que se llaman Guaraníes; son labradores que siembran dos vezes en el año maíz, e assimismo siembran caçabi; crian gallinas a la manera de nuestra España, y patos, (…) tienen ocupada muy gran tierra, y todo es una lengua, los quales comen carne humana, assi de indios sus enemigos con quien tienen guerra, como de christianos, y aun ellos mismos se comen vnos a otros. Es gente muy amiga de guerras y siempre las tienen y procuran, y es gente muy vengatiua; de los quales pueblos, en nombre de Su Magestad el gouernador tomo la possession como tierra inicuamente descubierta, y la intitulo y puso por nombre la prouincia de Vera» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 170-171).

En este recorrido Cabeza de Vaca continuó la búsqueda de ríos. «Y hecho esto, a los veynte y nueue de Noviembre partio el gobernador y su gente del lugar de Tocanguauçu. Y caminando a dos jornadas, a primero día del mes de Deziembre llego a un rio que los indios llaman Iguaçu, que quiere dezir agua grande; aquí tomaron los pilotos el altura» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 171).

3.5. Capítulo 7: «De lo que passo el gouernador y su gente»

En este capítulo los españoles dan referencias acerca del tamaño del río Iguazú. Sin embargo, los demás ríos con los que se encontraron tenían sus dificultades también. El recorrido fluvial involucraba un gran espacio:

«De aqueste rio llamado Yguaçu el gouernador y su gente passaron adelante descubriendo tierra, y a tres dias del mes de Deziembre llegaron a vn rio que los indios llaman Tibagi. En passar de la otra parte deste rio se rescibio gran trabajo porque la gente y cauallos resbalan por las piedras y no se podían tener sobre los pies, y tomaron por remedio passar asidos vnos a otros» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 171).

En el camino a Asunción Cabeza de Vaca señaló la conducta de ambos grupos humanos. Para ello resaltó que los cristianos no forzaban ni agraviaban a los indígenas.

«Y con esta orden y viendo que el gouernador castigaua a quien en algo los enojaua, venian todos los indios tan seguros con sus mugeres, e hijos que era cosa de ver, y de muy lexos venian cargados con mantenimientos,(…) Yendo caminando por la tierra y prouincia el gouernador (…) y de la generación de los Guaranies y salió el señor principal deste pueblo al camino con toda su gente muy alegre a rescebillo» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 173).

Se menciona el encuentro con otros pueblos de la generación de los Guaraníes, que recibieron bien a los españoles proveyéndoles de comida. Nuevamente, Cabeza de Vaca destaca la conducta del indígena principal «se dixo llamar Tocangucir» quien los hospedó por un día para descansar. Allí los pilotos tomaron

«el camino por do caminaron fue a Loes Norueste y a la quarta del Norueste. Y en este lugar tomaron los pilotos el altura en veynte y quatro grados y medio, apartados del trópico vn grado.
Por todo el camino que se anduuo despues que entro en la prouincia en las poblaciones della, es toda tierra muy alegre, de grandes campinas, arboledas y muchas aguas de rios y fuentes, arroyos, y muy buenas aguas delgadas, y en efecto es toda tierra muy aparejada para labrar y criar» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 175).

Cabe recordar que el recorrido que hemos propuesto como un recorte tiene el objetivo de centrarnos en dos temas: la naturaleza y el encuentro humano. Entonces, serán los capítulos 10 (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 181-183) y 11 (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 183-187), que consideramos los núcleos de la acción (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 171-175).

3.6. Capítulo 9: «Del miedo que los indios tenían a los caballos»

Cabeza de Vaca describió los hábitos indígenas (por ejemplo, la desnudez), y señaló el miedo que las comunidades tenía hacia los caballos. Los indios de la generación de los Guaraníes les hicieron una buena recepción y les mostraron un sendero que ayudó a que los españoles descubrieran el río Iguatú. Y, lógicamente se lo asocia con el río Guadalquivir. (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 181-182).

3.7. Capítulo 10: «Indios de la generación de los Guaraníes»

El relato de Cabeza de Vaca señala que los indígenas se mostraban generosos y confiados frente a los hombres blancos y los regalaban con diversas comidas. En este encuentro el conquistador realiza una interesante descripción de los hombres:

«Toda esta gente anda desnuda en cueros, assi los hombres como las mugeres; tenian muy gran temor de los cauallos y rogauan al gouernador que les dixesse a los cauallos que no se enojassen, y por los tener contentos los trayan de comer, y assi llegaron a vn rio ancho y caudaloso que se llama Igatu, (…) en la ribera del qual esta vn pueblo de indios de la generacion de los Guaranies, los quales siembran su maiz e cacabi (…) y los salieron a rescebir como hombres que tenian noticia de su venida y del buen tratamiento que les hazian» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 181-182).

3.8. Capítulo 11: «Todos los quales les salian a rescebir a los caminos»

En el camino a Asunción Cabeza de Vaca siguió encontrando poblaciones que los recibían amigablemente. Y los indios principales («señores de los pueblos», como los llamaba Cabeza de Vaca) les obsequiaban mostrando placer.

«y hasta las mugeres viejas y niños salían a ellos á los rescibir cargados de maiz y batatas; y assimismo de los otros pueblos de la tierra que estauan a vna jornada, y a dos, (…) todos vinieron de la mesma forma a traer bastimentos» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 184).

El río Yguaçu

«corre del Este Oeste; en el no hay poblado ninguno; tomose el altura en veynte y cinco grados e medio. Llegados que fueron al rio de Yguaçu fue informado de los indios naturales que el dicho rio entra en el rio del Parana, que assimismo se llama el rio de la Plata» (Cabeza de Vaca, 1906, p .184).

A continuación Cabeza de Vaca menciona la matanza que sufrieron los portugueses que enviara Martin Alfonso de Sosa, entre el río del Paraná y el río de Yguaçu. Y por ello decidió que para cruzar los ríos sería mejor que un grupo fuera por tierra con caballos para atemorizar a los indios, y que el otro fuera con canoas por el Yguaçu abajo. Las canoas las compraron de los indios: «ciertas canoas que compró de los indios de la tierra se embarcó el gouernador con hasta ochenta hombres» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 185), con la idea de atemorizar a los indígenas.

«E yendo por el dicho rio de Yguaçú abaxo era la corriente del tan grande que corrian las canoas por el con mucha furia, y esto causolo que muy cerca de donde se embarco da el rio vn salto por vnas penas abaxo, muy altas, y da el agua en lo baxo de la tierra tan grande golpe que de muy lexos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerça, sube en alto dos lanças y mas (…) Volvieron a meter en el agua las dichas canoas y proseguir su viaje y fueron por el dicho rio abaxo hasta que llegaron al rio del Parana, y fue Dios seruido que la gente y cauallos que yuan por tierra y las canoas y gente, con el gouernador, que en ellas yuan, llegaron todos a vn tiempo» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 186).

Finalmente, son los indios quienes ayudan a los españoles a pasar la siguiente parte del río. Se emparejan las canoas juntando dos y suben hombres y caballos.

«El río del Paraná era de ancho vn gran tiro de ballesta; (…)  muy hondable y lleua muy gran corriente, y al passar del rio se trastorno vna canoa con ciertos christianos, uno de los quales se ahogo porque la corriente lo lleuo, que nunca mas parescio» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 187). A esta altura Cabeza de Vaca se refiere a los grupos de españoles y de indígenas como uno solo, en un proceso que podría llamarse de adaptación cultural debido en gran parte por la intervención de los «Lenguas», es decir, sujetos que ofician de traductores, intérpretes.

3.9. Capítulo 12: «Que trata de las balsas que se hizieron para lleuar los dolientes»

«Auiendo passado el gouernador y su gente el rio del Parana estuuo muy confuso de que no fuessen llegados dos vergantines que auia embiado a pedir a los capitanes que estauan en la ciudad de la Ascension, auisandoles por su carta que les escriuio dende el rio del Parana, para assegurar el passo, por temor de los indios del, como para recoger algunos enfermos y fatigados del largo camino que auian caminado y porque tenian nueua de su venida e no auer llegado, pusole en mayor confusion, y porque los enfermos eran muchos y no podian caminar, ni era cosa segura de detenerse alli donde tantos enemigos estauan, y estar entre ellos seria dar atreuimiento para hazer alguna traycion, como es su costumbre, por lo qual acordo de embiar los enfermos por el rio de Parana abaxo en las mismas balsas, encomendados a vn indio principal (…) que auia por nombre Yguaron, al qual dio rescates porque el se ofrescio a yr con ellos hasta el lugar de Francisco, criado de Goncalo de Acosta, en confianca de que en el camino encontrarian los vergantines, donde serian rescebidos (…) y assi los mando embarcar, que serian hasta treynta hombres, y con ellos embio otros cinquenta hombres arcabuzeros y vallesteros para que les guardassen y defendiessen» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 187-188).

Frente a esta situación Cabeza de Vaca emprendió viaje hacia en el rio del Paraná, y allí tomó posesión del río para Carlos I. En la acción de apropiarse, lo mismo les cabe a los hombres que lo reciben que pertenecen a la parcialidad de los guaraníes. La descripción de Cabeza de Vaca presenta una bienvenida y ofrecimiento de comida en una construcción que acerca a los indígenas con los españoles.

«Y caminando por la tierra y prouincia aporto a ellos vn christiano espanol que venia de la ciudad de la Ascension a saber de la venida del gouernador y lleuar el auiso dello a los christianos y gente que en la ciudad estauan, porque según la necessidad y desseo que tenian de verlo ael y a su gente, por ser socorridos, no podian creer que fuessen a hazerles tan gran beneficio hasta que lo viesen por vista de ojos» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 188-189).

3.10. Capítulo 13: «…corria la fama (…) de los buenos tratamientos que les hazia el gouernador…»

Cabeza de Vaca señaló que los Guaraníes los acompañan. Es así que en el camino a Asunción hizo un discurso en donde relató la conducta de los nuevos súbditos, con el afán de sustituir su conducta.

Como si estuviera pintando un locus amoenus, es decir, un tópico literario empleado para describir un espacio embellecido por la naturaleza. En el caso de Cabeza de Vaca el recurso es empleado para presentar una geografía humana y natural idealizada. En ella los nuevos súbditos aceptan la autoridad de Carlos I, dominan la lengua castellana y dócilmente ceden sus territorios:

«de los buenos tratamientos que les hazia el gouernador y muchas dadiuas que les daua; venían con tanta voluntad y amor a verlos y traerles bastimentos y trayan consigo las mugeres y niños, que era señal de gran confiança que dellos tenian, y les limpiauan los caminos por do auian de passa  de los buenos tratamientos que les hazia el gouernador y muchas dadiuas que les daua;  (…) teniendo los caminos limpios y barridos; los quales indios e las mugeres viejas y niños se ponían en orden como en procission, esperando su venida (…) todo adereçado, lo qual dauan e repartían graciosamente entre la gente, y en señal de paz y amor alçauan las manos en alto, y en su lenguaje, y muchos en el nuestro, dezian que fuessen bien venidos el gouernador y su gente, (…) mostrándose grandes familiares y conuersables como si fueran naturales suyos nascidos y criados en España» (Cabeza de Vaca, 1906, pp. 191-192).

Toda esta situación sucedió en «onze dias del mes de Março, sabado, a las nueue de la mañana del ano de mil y quinientos y quarenta y dos llegaron a la ciudad de la Ascension» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 192). En el esperado acto de posesión Cabeza de Vaca declaró:

«…y ante los otros capitanes y gente que en la prouincia residían, las quales fueron leydas en su presencia y de los otros clérigos y soldados que en ella estauan, por virtud de las quales rescibieron al gouernador y le dieron la obediencia como a tal capitán general de la prouincia en nombre de Su Magestad, (…)». (Cabeza de Vaca, 1906, p. 192).

3.11. Capítulo 84: «Le quitaron sus criados»

La obra finaliza con la declaración del escribano del rey, Hernando de Ribera, que contrasta con el testimonio del escribano de Cabeza de Vaca, Juan Valderas. La Corona desconfiaba de Cabeza de Vaca por el ocultamiento de poblaciones y riquezas. El escenario de estos testimonios se situó en 1545 en Asunción, en la iglesia Nuestra Señora de la Merced.

En el regreso a España, Cabeza de Vaca viajó como prisionero junto con el personal que lo asistía. Zarparon río arriba de Asunción y una tormenta hizo que se perdieran los bastimentos: «no pudieron escapar dellos sino vna poca de harina y vna poca de manteca de puerco y de pescado y vna poca de agua, y estuuieron a punto de perescer ahogados» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 365). La tormenta que duró cuatro días fue para Cabeza de Vaca la señal que daba Dios por «…los agravios y sin justicias que le auian hecho sin razón» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 365).

Luego de mil quinientas leguas de navegación arriban a las islas Azores. De allí, Cabeza de Vaca y sus «enemigos» parten  a España, reencontrándose en la corte castellana.

Para los traidores a Cabeza de Vaca se observa una especie de «justicia»: Garci Vanegas que «murio muerte desastrada y supita, que le saltaron los ojos de la cara sin poder manifestar ni declarar la verdad de lo passado» y «Alonso Cabrera, veedor, su compañero, perdio el juyzio, y estando sin él mato a su muger en Lora». Del mismo modo, «murieron supita y desastradamente los frayles que fueron en los escandalos y leuantamientos contra el gouernador, que paresce manifestarse la poca culpa que el gouernador ha tenido en ello» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 367).

Cabeza de Vaca informó los ocho años de prisión que sufrió sin recibir recompensa:

«…que por castigar a los culpados auria escandalos y alteraciones en la tierra, y assi se la quitaron con todo lo demas, sin auerle dado recompensa de lo mucho que gasto en el seruicio que hizo en la yr a socorrer y descubrir» (Cabeza de Vaca, 1906, p. 368).

Estas palabras evidencian la amargura por los sinsabores vividos tanto en Sudamérica como en el sur de América del Norte. Para concluir, Comentarios finaliza con la voz de Cabeza de Vaca representando la legalidad. En las páginas 368 a 378 aparece la relación de los sucesos en palabras del Capitán Hernando de Ribera, escribano público de Carlos I y demás testigos en la iglesia de Nuestra  Señora de la Merced, en Asunción el 3 de marzo de 1545.

Bibliografía citada

Cabeza de Vaca, A. N. (1906). Naufragios y Comentarios. Librería General de Victoriano Suárez. 

Lecturas para profundizar

Aguilera Rojas, J. (1992). Fundación de ciudades hispanoamericanas. Mapfre.

Areces, N. (2000). Las sociedades urbanas coloniales. En: E. Tandeter (Dir.), Nueva historia argentina, la sociedad colonial. Editorial Sudamericana.

Azara, F. (1847). Descripción e historia del paraguay y del río de la plata. Imprenta de Sanchiz.

Caba, R. y  Gómez-Lucena, E. (2008). La odisea de Alvar Núñez Cabeza de Vaca: tras los pasos de Alvar Núñez por tierras americanas. Edhasa.

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