ESTUDIOS LGBTIQ+ APLICADOS A LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

Francisco Sánchez Torres (Universidad de Cádiz)

Francisco Sánchez Torres es investigador predoctoral FPU en la Universidad de Cádiz, donde realiza una tesis de edición crítica de textos latinos del Humanismo español. También investiga sobre la enseñanza activa del latín y aspectos de género en la tradición clásica.

RESUMEN

El siguiente artículo presenta un acercamiento al origen y desarrollo de los estudios LGBTIQ+ aplicados a los Estudios Clásicos. Esto incluye el estudio transversal de las categorías marginalizadas desde un punto de vista de género y orientación sexual a través de las fuentes primarias y secundarias en las disciplinas tradicionales de los Estudios Clásicos (Filología, Historia, Antropología, Tradición clásica…). Además, en este artículo se analizan los objetos de estudio frecuentes para esta disciplina. Finalmente, se incluye una bibliografía no exhaustiva para la divulgación de estos trabajos y su metodología.

PALABRAS CLAVE

Estudios queer, estudios clásicos, Antigüedad grecolatina, sexualidad, género.

AGRADECIMIENTOS

Agradezco al profesor Alberto Quiroga la invitación a participar en este proyecto con mi aportación, así como su inestimable labor de lectura y corrección de este artículo.

1. INTRODUCCIÓN

1.1. Origen de la disciplina

El término Estudios LGBT+ (y Estudios Queer) aplicado a los Estudios Clásicos comprende un amplio abanico de disciplinas (Filología, Historia, Lingüística, Antropología, Tradición y Recepción clásicas…) cuyo objeto de estudio es la Antigüedad grecorromana al tiempo que estas interseccionan con las categorías referentes a las identidades, orientaciones sexuales y deseos tradicionalmente marginalizados. Estos estudios abarcan todo aquello referido a la homosexualidad masculina y femenina, la bisexualidad, las vidas y temas trans y cualquier cuestión perteneciente a la deconstrucción del género binario que se encuentre dentro del mundo grecolatino. Si bien dichos fenómenos han sido estudiados a lo largo de la historia científica de los Estudios Clásicos, la formación de los Estudios Queer comprende una cronología más reciente.

El desarrollo de las teorías queer (a veces referidas de forma incorrecta en singular) resulta paralelo a los movimientos de liberación sexual en Estados Unidos, a partir de los años 60. La introducción de los temas LGBT+ en los discursos principales de la sociedad y su progresiva pérdida de carácter tabú conllevaron la aparición a nivel académico de personal científico cuyo estudio se centró en analizar las relaciones de la experiencia no heterosexual en las sociedades patriarcales. Partiendo de la metodología feminista, pronto estas teorías evolucionaron para abarcar con un enfoque particular los objetos de estudio feministas. Figuras como Judith Butler (1990, 1993, 1997), Eve Sedgwick (1990), Teresa de Lauretis (1987), Monique Wittig (1992) o Adrienne Rich (1986) comenzaron a publicar entre los 80 y los 90 una serie de obras fundamentales en respuesta a los cimientos heterosexuales y cisgénero que configuran el comportamiento social. A partir de estos textos se articularon términos ya de uso común como «heteropatriarcado», «heterosexualidad obligatoria» o «visibilidad» e «invisibilidad» en sus acepciones específicas, entre muchos otros.

De forma pareja al desarrollo de estas teorías no uniformes surgen nuevos estudios que centran su interés científico en aplicar las propuestas queer a disciplinas particulares y consolidadas. Así nacen los Estudios Queer, cuya metodología pronto penetró en disciplinas como la Sociología, la Antropología, la Historia y los Estudios Literarios, y lentamente se ha diseminado al resto de disciplinas científicas, con mayor o menor resistencia por parte de los académicos más escépticos.

1.2. El desarrollo de los Estudios Queer aplicados a la Antigüedad grecolatina

Aunque encontramos bibliografía al respecto proveniente de finales de los años 60 y ya en la década de los 70 con especialistas como W. Krenkel (1978, 1979a, 1979b; 1980a, 1980b, 1981, 1982) o K. J. Dover (1978), la producción bibliográfica en Estudios Queer sobre la Antigüedad Clásica crece espectacularmente entre finales de los 80 y la década de los 90. Aquí encontramos a figuras consolidadas dentro del mundo académico como E. Cantarella (1991), M. Wyke (1998a, 1998b), J. Hallet (1988, 1989, 1997) D. Halperin (1990), P. Veyne (1985; 1988), entre muchos otros. Estos estudios abarcan cuestiones esenciales para los Estudios Queer como la performatividad del género, el amor lésbico, la configuración de los roles sexuales en las relaciones homosexuales masculinas o el mundo de la prostitución en la Antigüedad romana y griega.

A partir de la primera década del siglo XXI los Estudios Queer aplicados al mundo grecolatino se ven ya consolidados en su metodología e incluidos en los planes de estudio universitarios. También surgen eventos científicos específicos y comienzan a interseccionar con otras disciplinas afines, como los estudios poscoloniales y los estudios feministas. La andadura de esta disciplina, como veremos en sus objetos de estudio, evoluciona al tiempo que las teorías queer desarrollan sus conceptos y popularizan nuevas propuestas científicas, que son inmediatamente aplicadas a las disciplinas clasicistas. Asimismo, esta última década ha sido testigo de su divulgación más allá de los medios científicos, a través de revistas específicas de tema clasicista sin intención exclusivamente académica.

2. OBJETOS DE ESTUDIO FRECUENTES

2.1. Las relaciones homosexuales masculinas

Uno de los objetos de estudio predilectos dentro de la disciplina resulta sin lugar a duda el fenómeno de las relaciones homosexuales masculinas. Rápidamente captó el interés científico aplicar las propuestas teóricas queer a las fuentes que tratan figuras como Aquiles y Patroclo, Alejandro Magno, Julio César, Nerón y otros tantos personajes clásicos, ya míticos, ya históricos, de los que se transmiten testimonios que no encajan dentro de los esquemas normativos. Asimismo, géneros como la lírica, el epigrama o la elegía son corrientemente analizados en estas mismas coordenadas.

El objetivo primordial de estos estudios es establecer teorías fiables a nivel científico que nos permitan reconstruir (y a la vez deconstruir) la moral sexual romana y griega. Esta moral evidentemente no puede ser fija ni cronológica ni espacialmente. La configuración de una moral sexual grecolatina responde a coordenadas geográficas y temporales muy concretas, lo que nos permitiría trazar una evolución del pensamiento y ponerla en relación con otros avatares de la historia de la Antigüedad clásica (la introducción del cristianismo, los movimientos migratorios, los cambios de estructura política o las crisis de natalidad). Asimismo, una investigación científica rigurosa permite hallar manipulaciones históricas, así como interpretaciones ampliamente aceptadas por la comunidad científica cuyo fundamento se sostenga en la visión particular de un determinado erudito.

En gran medida, los primeros estudios científicos acerca de las relaciones homosexuales masculinas dedicaron sus líneas a desmontar los supuestos científicos y morales sobre la moral sexual grecolatina antes de comenzar a profundizar en la materia en sí. La llamada «decadencia moral» romana en época decimonónica, que hasta entonces había sido aceptada por la comunidad científica gracias al argumento de autoridad, fue puesta a examen por figuras como Paul Veyne (1975, 1985, 1988). Gracias a esta revisión de la producción científica al respecto, se elaboraron nuevas teorías como la intervención de lo social en el desarrollo de los roles sexuales, así como las intenciones políticas tras la penalización de determinadas prácticas a lo largo de la historia grecorromana (Cohen, 1987, 1991a, 1991b, 1991c; Dalla, 1987).

En la actualidad, la producción científica que aborda este objeto de estudio se centra en la expresión del deseo homosexual masculino (cómo este se vehicula a través de otros contenidos culturales, como episodios míticos) y su dimensión social (Ancona, 1989; Barkan; 1991; Blok, 1987). Estos estudios ponen en cuestión conceptos como la tolerancia de las sociedades romana y griega, la legislación acerca de las prácticas y las relaciones, así como las expectativas sexuales y de género tal y como nos las transmiten los textos y los elementos arqueológicos (Clarke, 1991, 1993; DeVries, 1997). También se ha examinado con profundidad la terminología diversa que encontramos en los textos, para discernir su aplicación en coordenadas de expresión de género y roles sexuales.

2.2. Safo, las relaciones lésbicas y la dimensión sexual de las mujeres

Las cuestiones referentes a las relaciones de cualquier índole entre mujeres se encuentran metodológicamente atravesadas por dos campos de estudio. De un lado, estos temas fueron abordados inmediatamente por la disciplina de los Estudios de las Mujeres desde áreas tales como la Historia de las Mujeres o la Crítica Feminista tanto de las fuentes primarias como del tratamiento que han tenido a lo largo del desarrollo académico de la Filología Clásica y la Historia Antigua. De otro lado, el auge de las teorías queer, nacidas a partir de la metodología feminista, ha contribuido a la colaboración entre ambas disciplinas para profundizar en los objetos de estudio.

En los campos de estudio sobre la homosexualidad femenina, sin duda la figura sobre la que ha recaído un mayor análisis es Safo (Lardinois, 1991; Snyder, 1997). La poeta de Lesbos, a partir de cuyo nombre se acuñan los términos más frecuentes para referirse a la homosexualidad femenina (lesbianismo, lesbiana, safismo, relaciones sáficas…), ha generado un debate extraordinariamente ingente en las esferas académicas, culturales y artísticas (Martos Montiel, 1996). Desde diversos campos los datos escasos y, en muchos casos, de dudosa veracidad que nos han llegado acerca de la poeta lírica han sido puestos a examen. En general, la primera preocupación de los estudios sobre el lesbianismo en el mundo grecolatino fue revisar la figura de Safo desde las fuentes primarias. El objetivo de esta revisión fue tratar de despejar cuestiones acerca de la perspectiva que el mismo análisis científico había asumido con respecto a las relaciones sexuales entre mujeres. Tal vez lo más interesante de estos primeros estudios es que existe una gran producción de investigadoras e investigadores no clasicistas paralela a la producción de especialistas en el mundo grecolatino.

Desde diversos puntos de los estudios sobre la homosexualidad femenina se asumió que, por su importancia a nivel histórico y cultural, la figura de Safo debía ser reivindicada como uno de los principales ejemplos de mujer no heterosexual. Para ello, se precisaba realizar una reinterpretación de las fuentes primarias exenta de prejuicios o, al menos, donde no se juzgase como falsa la información que los mismos versos de la poeta ofrecen. Además, se utilizó el paradigma de Safo, como afirma E. Cantarella (1991), para establecer que las relaciones sexuales entre mujeres no se originaban ni se regían bajo las mismas normas sociales que las relaciones entre hombres, algo que se había asentado en la teoría previa.

Como ya se ha indicado anteriormente, los estudios LGBT+ sobre mujeres se vieron ampliamente reforzados por la producción anterior de los Estudios de las Mujeres. Esto ha llevado a que desde una primera inquietud por las figuras más salientes del mundo antiguo los estudios sobre la homosexualidad femenina se hayan nutrido de las investigaciones de los Estudios de las Mujeres para examinar aspectos fundamentales para las relaciones homosexuales femeninas (Rabinowitz, 1993). Desde el examen de textos, evidencia material o el análisis de las leyes, se ha tratado de establecer un estatus del safismo y las relaciones entre mujeres. Dicho estatus no es ajeno a una periodización que revela en qué momentos dichas relaciones han sido invisibilizadas, cosificadas o penalizadas. Igualmente resulta de vital importancia en este caso contemplar las diferencias de clase, así como la prostitución, para obtener una imagen precisa. En la actualidad, los temas abarcados por estos estudios continúan en un proceso de profundización que permitan reconstruir de forma fidedigna la experiencia de las mujeres grecolatinas no heterosexuales a través de una interpretación rigurosa de las fuentes primarias (Rabinowitz, 2002; James, 2012).

2.3. La bisexualidad en el mundo clásico

El estudio de la bisexualidad ha planteado una serie de desafíos a nivel científico que, en gran medida, siguen fundamentando el proceder metodológico de este campo de estudio. A modo de ejemplo, en su estudio acerca de esta cuestión, E. Cantarella (1991) desgrana su análisis de la bisexualidad en un amplio estudio de las homosexualidades masculina y femenina. Así, examina cómo se configura dicha orientación y su práctica cultural dentro de Grecia, Roma y el cristianismo grecolatino. En su estudio se establecen los condicionantes que se deben tener en cuenta a la hora de investigar tal materia.

En primer lugar, tanto el concepto de bisexualidad como los de homosexualidad y heterosexualidad, si bien hacen referencia a realidades inherentes a la condición humana, se localizan en unas coordenadas culturales y cronológicas muy concretas. No obstante, las lenguas griega y latina contienen numerosas palabras con las que referirse a tales personas, despectivas o no: arsenokoites, cinaedus, pathicus, tribas… (cf. Adams, 1982). Pese a esto, no existe ningún término con el que se describa a una persona que tenga relaciones sexuales con ambos géneros, puesto que dicha práctica formaba parte de aquellas que estaban avaladas por las sociedades griega y latina.

Tanto en la pederastia griega como en los ritos iniciáticos, para la contratación de prostitutos o el abuso sexual de los esclavos no existía ninguna sanción social, ya que la reprobación se encontraba en otras coordenadas. Por tanto, no existía una noción similar a la moderna del hombre o mujer bisexual por contraposición a personas de deseo singular en cuanto al género. Así, el primer aspecto metodológico que abordan estas investigaciones es delimitar cómo se construye dicha bisexualidad.

Como decíamos, las sexualidades y las identidades en el mundo grecolatino no operaban exactamente en las mismas coordenadas que en época actual, y es ahí donde entra el siguiente elemento básico de la investigación en materia de bisexualidad. Dicho elemento consiste en la examinación de los conceptos de actividad y pasividad como metáforas de dignidad y estatus social dentro de las prácticas culturalmente aceptadas. Esto quiere decir que el estudio de la bisexualidad en la Antigüedad grecolatina debe comprender las prácticas sexuales aceptadas culturalmente, como que un hombre pudiera tener relaciones con otros hombres, con mujeres o con esclavos, dentro del estricto conjunto de normas que regulan dichas prácticas para no entrar en exclusión social o entrar en un estado de precariedad. Por tanto, existe un concepto de «bisexualidad social» que atraviesa las culturas grecolatinas que no puede ser ignorado a nivel metodológico, tal y como atestiguan los estudios de mayor extensión que se han realizado al respecto. Esta variante social coexiste con una variante individual semejante a la que el término actual recoge.

Los objetos de estudio de este campo han sido en gran medida las prácticas bisexuales amparadas por la sociedad, así como el examen de la recepción y la transmisión de los mitos, historias y figuras a las que se les adscriben características bisexuales. Ejemplos de esto son el culto de Zeus, Hércules, Apolo… Por último, resulta imprescindible mencionar las dificultades a la hora de investigar la bisexualidad femenina, puesto que las sexualidades e identidades femeninas resultan invisibles a muchos niveles en la mayoría de las fuentes primarias.

2.4. Los estudios trans, la configuración del género en la Antigüedad y la intersexualidad

Existe consenso en afirmar que uno de los grandes avances de las teorías queer fue llegar a demostrar de forma científica que el género constituye un constructo capital en la configuración del tejido social. Esto, tal y como establecen las investigaciones realizadas por Butler y muchas otras investigadoras ya mencionadas, permite abordar el género no como un compartimento estanco asociado a una realidad genital, sino como una dimensión discursiva con repercusiones materiales. Dicho avance se ha revelado como un tema considerablemente prolífico en la investigación sobre la Antigüedad grecolatina.

Una de las primeras cuestiones que preocuparon a los Estudios Queer sobre el mundo griego y romano fue determinar si en su cultura material e inmaterial se podía rastrear una concepción del género como constructo. Si bien era fácilmente demostrable desde un plano teórico, no existían en un principio estudios que avalasen a través de las fuentes primarias dicha hipótesis. Conforme fueron apareciendo estudios, especialmente a partir del siglo XXI, se pudo observar un proceso de revisión de las fuentes. Estas mostraban una concepción del género similar a la tradicional, de forma que en las sociedades grecolatinas se concebía el género como algo más que la genitalidad, si bien no fuera expresado en términos como los acuñados en las últimas décadas del siglo XX.

Figuras míticas como Tiresias, Iphis o Cenis, así como figuras intersexuales, que han sido frecuentemente confundidas con las figuras bisexuales según la acepción antigua del término «bisexual», como Hermafrodito, suscitaban ya en la Antigüedad griega y romana una cierta confusión producto de una ruptura de las aparentemente firmes fronteras entre los géneros. Los estudios sobre el género y las identidades trans han ahondado en tales fuentes con el objetivo de entender cómo se concebían los géneros y el tránsito entre ellos (Delcourt, 1961; Lepick, 1981; Loraux, 1989; Nugent, 1990; Perea, 1999; Zajko, 2009). Además, fenómenos como el travestismo o la representación de los géneros (en el teatro, por ejemplo, donde actores masculinos interpretaban personajes femeninos) han llamado considerablemente la atención académica (Foley, 2014; Stehle, 1997).

Existen también casos históricos que han sido examinados desde los entornos académicos, como el del emperador Heliogábalo (Arrizabalaga y Prado, 2010; Chrysanthou, 2020). Las descripciones ofrecidas por las fuentes historiográficas son paradigmáticas para entender el proceder metodológico de estos estudios. Pues en las fuentes griegas y latinas (Dión Casio, Herodiano y la Historia Augusta) sobre tal emperador existe una gran cantidad de información de dudosa veracidad, de la que sin embargo se pueden extraer conclusiones rigurosas. La descripción de la transgresión sexual por parte del joven emperador, así como su manera de performar una expresión de género distinta a aquella que la sociedad leía son relatos que nos permiten deducir cuestiones relevantes en torno a la concepción de los géneros en Roma. Sean ciertos o no, estos datos nos permiten establecer que sí existía una noción de género performado en Roma. Asimismo, la transgresión de dichos roles de género a través de la expresión sufría penalización, a juzgar por los relatos de los autores. En la labor investigadora, además, se han cotejado los discursos, analizado las variaciones y los artificios retóricos dispuestos para desprestigiar esta figura para conseguir un cierto consenso en torno a la caracterización del personaje de Heliogábalo. Más allá de consideraciones de una primera historiografía sesgada en cuestiones de género y eurocentrismo, las investigaciones actuales concluyen en que este emperador pudo suponer a nivel identitario una transgresión de la moral hegemónica romana. Sin embargo, esto probablemente solo supuso material de escarnio, mientras que su violento magnicidio estuvo ocasionado por las tensiones religiosas y políticas de su reinado.

Finalmente, en las últimas décadas ha crecido un interés por revisar obras que susciten interés por no demarcar los límites de la corporalidad –uno de los temas centrales de los estudios queer, si atendemos a la obra de Butler, Laqueur (1990), etc.–, como ocurre en las Metamorfosis ovidianas. No solo se estudian los casos paradigmáticos ya mencionados, sino se pretende ahondar y deconstruir la obra para llegar a una teoría ovidiana sobre la transmutación del cuerpo y la identidad.

3. SITUACIÓN DE LOS ESTUDIOS QUEER APLICADOS A LOS ESTUDIOS CLÁSICOS EN EL MUNDO HISPANOHABLANTE

La relativa novedad de las teorías queer y la reticencia por parte de disciplinas más antiguas a introducirlas transversalmente en la investigación ha conllevado una aparición desigual de estudios interseccionales en los campos de investigación tradicionales. En el caso de la Arqueología, el surgimiento de las arqueologías feminista y queer ha tenido cierto calado en el personal investigador hispanohablante, y se pueden encontrar numerosas publicaciones al respecto (Dowson, 1998, 2000, 2007; Schmidt, 2000; Perry, 2001; Subías, 2004; Casella, 2005; Blackmore, 2011).

Igualmente ocurre en las disciplinas de Antropología y de Tradición y Recepción Clásicas, en las que los enfoques queer han tenido gran éxito para aportar nuevas visiones científicas de cuestiones que ya se consideraban cerradas (Saxe, 2009, 2012; Espinoza Lolas, 2020; Laguna Mariscal, 2020). En el caso de la Filología Clásica, existe un creciente número de publicaciones, proyectos e investigaciones que pretenden crear una intersección de esta vetusta disciplina con las teorías queer.

Si bien la entrada de estos estudios en el mundo hispanohablante es lenta y desigual en los campos de investigación sobre la Antigüedad grecolatina, la presencia de estos es cada vez mayor, debido al creciente interés de la comunidad investigadora por desarrollar investigaciones interdisciplinares. Además, tales enfoques contribuyen, puesto que con tal objetivo nacieron, a revelar sesgos que pondrían, de otro modo, la rigurosidad de las investigaciones en entredicho.

4. REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

A continuación, incluimos las referencias presentes en este trabajo, así como una bibliografía en la que se incluyen trabajos científicos de la disciplina. Esta bibliografía no es exhaustiva, sino una aproximación a la producción científica de los Estudios LGBTQ+ aplicados a las disciplinas que estudian la Antigüedad grecolatina. Por último, algunos de estos estudios son anteriores a la conformación de las teorías queer y del desarrollo de la metodología propia de la especialidad.

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