PROSTITUCIÓN, PROSTITUCIÓN SAGRADA Y SEXO EN LA ANTIGÜEDAD: EL CASO DE MESOPOTAMIA

Josué J. Justel (Universidad de Alcalá)

Josué J. Justel es Profesor Titular de Historia Antigua en la Universidad de Alcalá. Está especializado en la lectura de textos cuneiformes en sumero-acadio, en Historia Social del mundo oriental antiguo, así como en la Historia de las Mujeres en la documentación cuneiforme.

RESUMEN

La existencia de la prostitución en el antiguo Oriente ha sido un tema de debate desde hace siglos. Este artículo pretende exponer, de manera breve, por qué no hay bases para sostener que existió la denominada «prostitución sagrada», aún cuando fuera posible la existencia de una prostitución secular (fenómeno del que solamente nos consta un testimonio seguro).

PALABRAS CLAVE

mujeres, prostitución, Heródoto, rituales, historiografía.

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El tema de la existencia y empleo de la prostitución en el mundo antiguo ha hecho correr ríos de tinta. Ya los propios autores clásicos hicieron referencia a este fenómeno, que desde hace tiempo se considera —probablemente de manera errónea— como «la profesión más antigua del mundo». Modernamente, este tema ha llamado la atención de especialistas de diferentes épocas y regiones; en el caso que nos interesa, sobre todo del mundo mediterráneo antiguo. Sin embargo, es un fenómeno poco claro, cuyos testimonios y referencias abundan para ciertas épocas, pero adolecen de concreción para otras; y, sobre todo, son dispares en cuanto a su naturaleza específica.

Lo primero es distinguir los conceptos que dan título a esta breve contribución. Las preguntas y respuestas son, en ciertos casos, bastante obvias. La primera: dado que evidentemente se practicaba sexo, ¿se mantenían relaciones extramaritales en el mundo antiguo? Sí, por supuesto. Las prácticas variaban de una época o región a otra, y también entre culturas. Un estudio relativamente reciente (2015) revela que existieron usos sexuales comunes (y sorprendentes) a lo largo de toda la Antigüedad clásica, y que algunos de ellos se pueden rastrear en las fuentes veterotestamentarios. Es éste un capítulo aparte en el que no puedo detenerme.

La segunda pregunta es también evidente: ¿existió la prostitución en la Antigüedad? La respuesta en este caso es igualmente clara: sí. Conocemos el intercambio de bienes por sexo en todas las épocas del mundo antiguo, desde Súmer hasta la Antigüedad Tardía, pasando por Babilonia, Israel antiguo, la antigua Grecia o el Egipto faraónico. Esta prostitución se reconoce, en efecto, porque una mujer ofrecía —libremente o no— sus servicios sexuales a cambio de una contraprestación económica, en forma generalmente de monedas u otros bienes. Una recentísima monografía (2018) sobre el tema, centrada en la antigua Grecia, muestra de manera magistral las diferentes formas que podía adoptar el fenómeno. La historiografía ha apuntado, tradicionalmente, que una de estas formas era la que conocemos modernamente como «prostitución sagrada». A este tema, convertido en un aspecto de la historia social de la Antigüedad al que la historiografía vuelve de manera recurrente, le dedicaré los siguientes párrafos, centrándome exclusivamente en las fuentes cuneiformes, origen del debate.

La prostitución sagrada es el fenómeno por el cual una persona ofrecía servicios sexuales en un contexto cultual. La tendencia historiográfica habría interpretado que se trataba, en esencia, de sacerdotisas cuyo cometido habría sido el de ofrecer dichos servicios en rituales especiales, o en las dependencias del templo. Sin embargo, los autores más recientes —si bien no todos— consideran que este tipo de prácticas, en realidad, jamás tuvieron lugar. Las pruebas aducidas a favor de su existencia proceden principalmente de la traducción de términos técnicos, en este caso del título de los funcionarios cultuales, y sobre todo de privilegiar un pasaje del historiador griego Heródoto (siglo v a. C.), quien proporcionó una descripción nada ambigua de la prostitución de mujeres en honor de la diosa Milita. Este testimonio externo, combinado con la asimilación que se hizo de diversos títulos cultuales (por ejemplo, ḫarimtu), llevaron a pensar que la antigua Babilonia (y en el resto de Mesopotamia) estaba simplemente inundada por prostitutas sagradas. El pasaje es el siguiente:

«Por contra, la costumbre sin duda más ignominiosa que tienen los babilonios es la siguiente: toda mujer del país debe, una vez en su vida, ir a sentarse a un santuario de Afrodita y yacer con un extranjero. Muchas de ellas, que consideran impropio de su rango mezclarse con las demás en razón del orgullo que les inspira su poderío económico, se dirigen al santuario, seguidas de una numerosa servidumbre que las acompaña, en carruaje cubierto y aguardan en sus inmediaciones. Sin embargo, las más hacen lo siguiente: muchas mujeres toman asiento en el recinto sagrado de Afrodita con una corona de laurel en la cabeza; mientras unas llegan, otras se van y entre las mujeres quedan unos pasillos, delimitados por cuerdas, que van en todas direcciones; por ellos circulan los extranjeros y hacen su elección. Cuando una mujer ha tomado asiento en el templo, no regresa a su casa hasta que algún extranjero le echa dinero en el regazo y yace con ella en el interior del santuario. Y, al arrojar el dinero, debe decir tan solo: “Te reclamo en nombre de la diosa Milita” (ya que los asirios, a Afrodita, la llaman Milita). La cantidad de dinero puede ser la que se quiera; a buen seguro que no la rechazará, pues no le está permitido, ya que ese dinero adquiere un carácter sagrado: sigue al primero que se lo echa sin despreciar a nadie. Ahora bien, tras la relación sexual, una vez cumplido el deber para con la diosa, regresa a su casa y, en lo sucesivo, por mucho que les des no podrás conseguir sus favores. Como es lógico, todas las mujeres que están dotadas de belleza y buen tipo se van pronto,  pero aquellas que son poco agraciadas esperar mucho tiempo sin poder cumplir la ley; algunas llegan a esperar hasta tres y cuatro años. Por cierto que, en algunos lugares de Chipre, existe también una costumbre muy parecida a ésta» (Hdt. 1, 199, traducción de C. Schrader).

Esta descripción no está basada en la realidad. De hecho, no hay ninguna prueba de que Heródoto hubiera visitado alguna vez Babilonia, y el historiador no proporciona ninguna explicación de cómo se topó con el conocimiento de esta denominada costumbre: si la vio él, o la escuchó de boca de otros, o si simplemente era de conocimiento común en ese momento. El pasaje aparece en medio de una digresión sobre otras costumbres que, sabemos, no habrían existido (por ejemplo la subasta de novias), y no hay ningún trazo de evidencia de que la «costumbre» procediese de suelo mesopotámico. Más bien al contrario, Hdt. 1, 199 parece ser uno de los pocos lugares de sus Historias en los que Heródoto se encuentra fabricando un efecto simbólico. La descripción del rito es una inversión directa de un festival femenino griego, y el propósito último es representar la Babilonia sometida bajo el régimen persa. Se trata de un mito griego, y no de una realidad mesopotámica.

Sin embargo, los especialistas de finales del siglo xix y comienzos del xx buscaron prostitutas sagradas profesionales en el ámbito de los templos. Originalmente, había siete términos traducidos como «prostituta cultual» en el repertorio mesopotámico: entu/ugbabtum (nin.dingir), ištaritu (nu.gig), kezertu (mi2.suhur.la2), kulmašitu (nu.bar), naditu (lukur), qadištu (nu.gig), y šamḫatu. ¿Cómo llegaron a identificarse dichos términos con este tipo de mujeres? La respuesta procede de las listas lexicales, verdaderos diccionarios sumero-acadios inscritos en arcilla. En ellos se equiparan algunos de estos títulos conel término ḫarimtu, que en ocasiones se ha considerado que se trataría de una prostituta (no sagrada, sino secular; véase a continuación). Dado que la palabra ḫarimtu ya era traducida como «prostituta», el resto de términos con los que se estableció una equivalencia fueron traducidos de la misma manera. Si los títulos aparecían en contextos cultuales como sirvientes de diferentes deidades (sobre todo la diosa Inanna, es decir, Astarté/Afrodita), debieron sin duda de haber sido prostitutas sagradas.

Sin embargo, estas mujeres denominadas ḫarimātu (sing. ḫarimtu) no tenían por qué ser necesariamente prostitutas, ni mucho menos. Dicha identificación procedía, en primer lugar, del hecho de que este término se aplicaba a Šamḫat, la mujer que en la Epopeya de Gilgamesh mantuvo relaciones sexuales con Enkidu. Pero, por supuesto, este hecho no significaba que, directamente, Šamḫat fuera una prostituta. Además, existen muchos otros textos a lo largo de la historia de Mesopotamia en los que se observa que estas ḫarimātu podían mantener relaciones sexuales de manera libre; pero no sólo disfrutaban de libertad en el ámbito sexual sino en el jurídico. Por último, tenemos numerosas evidencias de que estas mujeres poseían oficios y, por tanto, el de prostituta no era su modo de ganarse la vida. En definitiva: las ḫarimātu no eran necesariamente prostitutas. El inmenso trabajo de Julia Assante (1998) mostró, por fin, que estas ḫarimātu serían mujeres que no vivían bajo la autoridad de ningún varón (esposo, padre, hermano), y había decidido ser independientes por alguna razón.

En resumen: se han presentado aquí dos tipos de evidencias que se han aducido para probar la existencia de una prostitución sagrada en Mesopotamia. El primero sería el pasaje de Heródoto, que indica que cada mujer en Babilonia debía prostituirse en honor de la diosa Milita al menos una vez en su vida. Dada la total y completa ausencia de cualquier prueba procedente de la propia Mesopotamia que apoye esta idea, este pasaje debe ser eliminado como prueba de la práctica de la prostitución sagrada. La segunda evidencia se corresponde con las referencias a varias funcionarias cultuales cuyos títulos estaban asociados con la ḫarimtu, generalmente en listas lexicales. Si se debe negar que la ḫarimtu era una prostituta, entonces no existe base alguna para decidir que los títulos cultuales en cuestión fueran prostitutas sagradas. Al contrario: si, como indican todas las pruebas, la ḫarimtu era una mujer que no se encontraba bajo ninguna autoridad patriarcal, entonces la asociación de estos términos con los títulos cultuales más bien sugiere que un aspecto de las ocupaciones en cuestión sería la libertad respecto al control masculino, y posiblemente incluso un cierto grado de licencia sexual. Sin embargo, no hay pruebas de que esta sexualidad estuviese a la venta. En definitiva: no parece haber pruebas de la existencia de una «prostitución sagrada» en Mesopotamia, y por tanto todos los estudios sobre el mundo clásico que parten de dicha premisa probablemente deberían ser revisados.

Representación de matrimonio ritual entre Inanna y Dumuzi, sobre terracota procedente de Tello (autoría de imagen: Françoise Foliot; https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fran%C3%A7oise_Foliot_-_%C3%A9poux.jpg).
Representación de matrimonio ritual entre Inanna y Dumuzi, sobre terracota procedente de Tello (autoría de imagen: Françoise Foliot; https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fran%C3%A7oise_Foliot_-_%C3%A9poux.jpg).

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

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